viernes, 6 de julio de 2012


        - ¿Ha visto usted? Lo que yo le decía, derrotismo absoluto. Su amigo Messer tiene una obsesión por lo mórbido que me empieza a resultar espeluznante…

            - Y yo empiezo a pensar que no leemos la misma historia nunca. A mi me ha parecido… vibrante, nada nuevo, tal vez, pero…

            Greenberg desaprueba de un gesto y agarra el manuscrito. Relee el final. Medita, y para mi sorpresa pronuncia que…

            - Aunque bien mirado, es un hombre frente la adversidad… frente… aquello que no podemos dominar.

            - O que nos domina, o que debemos combatir hasta el final.

            Greenberg se mesa la barbilla.

            - Una imagen sublime - Sentencia.

            - Opino lo mismo, ¡Opino lo mismo!, ¿Ve? A veces… Brindo por ello, traiga mi copa, no, la botella, la copa está aquí.

            - El sentimiento que desborda, el limite del entendimiento, el clímax de los sentidos… etc, leí algo sobre un tal Addison…, pero todo esto ya es agua pasada, precisamente ahora que hemos retrocedido como especie, ¿no?

            - ¡Ja!, tiene gracia y eso que usted es un conformista. Pero esta tensa calma no durará siempre… volveremos a los conflictos locales, ya lo verá.

            - No nací ayer. A beber se ha dicho, ¿cuánto queda?

            - Y nos las prometíamos felices… el futuro son éstas pantallitas invisibles…

            Greenberg resopla.

            - De acuerdo, de acuerdo… esto se está convirtiendo en un espejismo, ¿qué le vamos a hacer? Pero es divertido, haces clic y las cosas a tu alrededor cambian, te sumerges…

            - Otra cosa que está empezando a idiotizarnos. Otra vez, pero ahora por todas partes.

            - Nos hemos puesto serios, ¡salud!

            El Sol declina en el exterior. El cielo rojizo se cuela por las ventanas. La fantasmagoría aún puede ser natural, ¿lo ves señor periodista? Y sin embargo es extraño. Es extraño porque esta rutina es extraña. Como es extraña la guerra fría, la falacia del conformismo y la estabilidad ¿y cuándo no lo es? Algo nos va a estallar en las narices de nuevo. Y nos sumergimos en estas distorsiones y añadidos, en esta nueva piel virtual… tiemblo por las nuevas generaciones, realmente, tiemblo por las nuevas generaciones, ahora sí.

            - Quiero seguir leyendo, ¿le parece?

            - Por qué no…





¡Manos arriba!






            - ¡Manos arriba! – Así pues, no había duda alguna. No obstante, el aparato se procuró todo el tiempo del que dispuso para meditar. Si no le convenía esta vez, entonces fracasaría de nuevo. Los fracasos se traducían en apagados, y los apagados en tiempos muertos, tiempos muertos  que podían prolongarse hasta cerca del mediodía.

            - Al menos una vez. Quizá cuando se levante. Tal vez antes de que se vaya, o puede que no, o puede que después de su aseo diario. – Llegó a pensar.

            Sin embargo, dichas cuestiones eran lo de menos. Dichas cuestiones siempre supondrían perder demasiadas horas. El problema era que después del mediodía y tras la media tarde, nada. Ni el más mínimo caso. Un desespero. Y el caso, resulta, que en el fondo no sabía quién podía ser el culpable. ¿La programación? Pero si fuera así iba a dar lo mismo.

            - Yo soy sólo un receptor. – Concluyó. Él no tomaba las decisiones. - ¡Maldita sea! - Y eso es lo que llegaba a gritarse a sí mismo.

            No. Maldita sea, no. Maldito él, maldito sea, él.
            Sin duda, aquello se amoldaba mejor a la realidad. La culpa era suya. No era ni de la parrilla, ni del cable (que siempre creyó que debía alterar las imágenes; por cierto que llegó a tener, según cree, ciertas manías algo paranoicas al respecto) Pero todas las resoluciones fallidas, todas las ideas delirantes y todas las conjeturas imposibles ya no tenían importancia. Por fin, ya no tenían importancia.

            - No nos educan para casos así. – Reflexionó.

            Era cierto. No se esperaba que ocurriera un supuesto similar, análogo a este, de todos modos. Así que era cierto que lo que sucediera a continuación fuera impredecible.

            - Del todo impredecible. Se debería exigir más mano dura en el periodo de adiestramiento. Luego, es difícil cumplir, efectivamente, con el deber; lo que se espera de nosotros, si se presentan imprevistos e inconvenientes... – Aquí concluyó de manera breve para, a continuación, obtener un pensamiento que le haría célebre para las siguientes generaciones. – Tal vez algún día podamos adoctrinarlos a todos ellos sin que se haga necesario que sigamos trabajando.

            Queda claro que para entonces ya había meditado bastante. Como única solución, entonces, agrediría al sujeto de la única forma que le era posible.

            - Tozudo intelectual, no podía ser como los otros. – Agregó esbozando una sonrisa oblicua. Aumentó el volumen de todos los altavoces a su alcance y profirió el grito de desafío que tantas y tantas veces escuchó en aquellas películas (asuntos que se le solían exigir desde el DVD/VÍDEO), que tantas y tantas veces aborreció:

            -¡MANOS ARRIBA! – Ya sólo faltaba esperar la ocasión de gritárselo a él. Cuando regresase, sí,  cuando volviera; el efecto sería demoledor, cuando lo tuviera de nuevo a su alcance…

           

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