viernes, 21 de septiembre de 2012



            - ¿Será posible? – Ahora sí, Greenberg está indignado - Si esto es actual, lo próximo qué es ¿Qué se rebelen los fonógrafos de los museos?

            - Pero hombre… ¿y qué más da?
            - Yo ya no sé qué pensar – Gruñe.
            - ¿Y qué más da, si es un chiste?
            - De acuerdo, de acuerdo… lo que sí es cierto es que venía bien algo de humor, aunque se trate de humor bizarro.

¿Por qué discutir? En parte Yo pienso igual que él…

            - En cierta forma… el humor y la comedia siempre son mirados como algo accesorio, cuando tal vez sea el arte más complicado y sano, la ironía… ya sabe.
            - No se puede poner en duda a estas alturas lo que resulta tan obvio – Contesta - ¿no cree?

            Y me lo dice así ¿qué hago? ¿Le suelto un manotazo?

            - Ahora toca lo que parece un popurrí de ideas – Respondo yo - ¿Quiere usted leer el popurrí de ideas?
            - De acuerdo, alcáncemelo.

            Por supuesto, faltaría más, así se calmarán los ánimos. Por eso trato de resultar amable cuando digo:
            - Hay que ir pensando en preparar algo de cenar.
            - Cierto…  - Greenberg husmea entre los papeles – Su amigo Messer debe de estar de vacaciones allí abajo. No regresa nunca.

            Tiene su gracia, la tiene. Parece que el hacha de guerra está enterrado, ¿verdad?



Algunos apuntes sobre el Japón

(14- 03  -2011)

Por algún motivo exótico, difícil de calcular, de medir, de comprender, pero fácil de asumir, a los occidentales nos atrae el Japón y sus misterios. Pero, ¿qué misterios? Son los misterios del folklore, aquellos que forman parte de un mundo idiosincrático capaz de sorprender la imaginación del occidental en cada esquina, en cada detalle o en cada bruma. Un folklore tan rico en símbolos, tan distante pero a la vez tan cercano, que se recicla una y otra vez en el tiempo, eso sí, hoy bajo el signo de los colores brillantes, la alienación multimedia y la fantasía cosplay más descarnada ¿O es que los ukiyo-e no son eso mismo? ¿Acaso la descripción gráfica de los monogatari no mostraban ya la realidad más tangible junto a la fantasía más sugerente?

            Y el occidental se pasea así, con espíritu de turista resabiado, creyendo entenderlo todo de un todo que jamás comprenderá en su totalidad. Los numerosos templos de la región de Kyoto, repasados con indiferencia por la más moderna de las hermanas Munakata en aquella vieja película, todas esas tradiciones militares con el honor por bandera y los grandes valores del clan conviviendo a su vez con el shinto y los placeres de lo cotidiano y lo efímero, o como ya resumiera Okakura cuando afirmaba que “Acaso nos disipamos tanto en los pequeños detalles porque tenemos tan pocas cosas grandes que abrigar. Las minúsculas insignificancias de la cotidiana rutina, revelan el ideal de una raza con el mismo vigor que la filosofía y la poesía de altos vuelos.”
            Una cultura de contrastes, incapaz de agachar la cabeza y comprender el error aún cuando todo parece desmoronarse sin remedio. Tras sufrir el impacto de dos bombas atómicas, con los rusos a las puertas de Manchuria, lo que precipitó el cambio de dirección no fue un elemento humano, sino práctico, una simple y nueva evaluación de los acontecimientos, con el emperador a punto de ser asesinado en su propio palacio y los norteamericanos temiendo el terrible y sangriento combate final. Leo en palabras de Ruth Benedict:
“Los japoneses orientan su agresión de manera distinta. Necesitan por encima de todo sentirse respetados por los demás. Vieron que la potencia militar les servía como base de respeto a las grandes naciones y se embarcaron en una empresa cuyo objetivo era igualarse con ellas. Tuvieron que ser más hábiles que las grandes potencias, ya que sus recursos eran escasos y su tecnología primitiva. Cuando su gran esfuerzo fracasó concluyeron que, después de todo, la agresión no era el camino hacia el honor.”
En resumen: impulsos poéticos en torno a la ceremonia del Té, junto a la primitiva visceralidad del hombre de Jomon; capaces de convivir con los más intrincados Koan durante años o de estallar de manera repentina y violenta, respuesta adecuada al estress de las fuerzas contrarias que gobiernan sus vidas. Lo bueno y lo malo, ¡una ilusión! Tal vez por ello mismo los fantasmas japoneses atormentan a los vivos debido a una necesidad de equilibrio: la venganza no va reñida con el sentido de justicia. Es el honor herido algo más poderoso que la más afilada katana, resentimiento más allá del odio. Uno puede imaginarse la ira de un Goryo desencadenando catástrofes por doquier a modo de lección moral, pero son los más populares Onryo los que resaltan el cinismo y la hipocresía: los anhelos egoístas traicionados, los sueños truncados… son la perfecta metáfora de la volubilidad humana, de los vicios, de la decadencia. Mucho más sutil la venganza de ultratumba ante la traición del ser amado, no importa la confianza que deposites en los sutras ni los o-fuda en esta alternancia de vidas si dos personas, finalmente, se debían la una a la otra, sobrevolándose o persiguiéndose una vida tras otra en el devenir del karma, esa pesadilla virtuosa, eterna y moralizante… “El reflejo espectral de ataduras innumerables en innumerables vidas pasadas”. Entonces entenderemos un acto de justicia al evocar a unos paseantes nocturnos iluminados con una lámpara, recordaremos entonces una vieja linterna de peonías, iluminando la suave brisa nocturna, mientras un escalofrío nos hace imaginar al infeliz que no tenga en orden sus asuntos. Una maravillosa magia que se disipará al nacer el Sol, que nos mostrará lo cotidiano en toda su banalidad.  

Alzando la mirada hacia lo umbroso de un bosque se puede observar la imponente presencia de un Torii, cuya milenaria madera cruje indolente al pasar de los años. El vacío que lo conforma entre sus troncos parece dormitar y prevenir: Si me cruzas, serás a ti mismo a quien encuentres. Y el mundo fantasmagórico, purgatorio de almas y conciencias atadas al apego del deseo te recibirán con los brazos abiertos de par en par. Ojos desencajados sobre mandíbulas desencajadas y risas profundas de aliento gélido aullando entre la fría niebla. Serán tus nuevos guías, irritados y temblorosos acompañantes, cuyo único gesto de condescendencia les surgirá en una mueca. Aquí y allá brotarán unas luminiscencias palpitantes, almas trémulas que aguardan en el purgatorio mientras el viento sopla y hace girar las hojas de alguna rama endeble.
Y al día siguiente resplandecerán las luces de las calles mientras bandadas de jóvenes de estrambóticos peinados se dirigen al nuevo sitio de moda, numerosos trajeados se agolpan en los cruces y los anuncios se llenan de colores chillones y dibujos manga. Distracciones fáciles e inmediatas como única fuente para sobrellevar el ritmo actual de vida. Dicen que ahora los japonenses han relajado sus costumbres y que ya ignoran la tradición, que ya son como nosotros hijos de un tiempo ruidoso y hueco, agotador y sobreexcitado, y entonces pienso en el proverbio budista:
Jigoku mo sumika
O lo que es lo mismo: El mismo infierno es una morada. La adaptación al medio es parte de su cultura, lo llevan en la sangre, su espíritu de supervivencia es bien conocido. Hay sin embargo un aspecto más oscuro que también resulta muy curioso, cuando no alarmante. Me refiero al hecho de que esas contradicciones son el germen también de una existencia llena de extremos. Seré más claro, el Japón actual es un hervidero de modas, a veces ridículas, muy a menudo un copy paste sui generis de lo que le llega de occidente, esto no es nuevo. Pero también viven el extremo de la soledad y el aislacionismo como forma de vida. Un desencanto ante la vida moderna que rompe con su más arraigada manera de entender el mundo. La crisis económica de finales de los 90 multiplicó el número de los hikikomori, que a su modo, son los fantasmas contemporáneos, que en vez de vestir un sayón, lucen peinados descuidados, camisa y pantalones y suelen vivir rodeados del halo que producen las pantallas mientras eligen no-vivir salvo en un mundo virtual a modo de purgatorio sea mediante el hobby que sea. ¿Gracioso? No hace falta decir que los inadaptados se multiplican por el mundo y que su edad es variable. A día de hoy uno puede ver por internet que el fenómeno tiene causas de todo tipo, lejos de que se considere a estas personas como meros freaks. Esta idea de huida del mundo, de las responsabilidades o de la propia frustración está más extendida de lo que parece. En realidad la competitividad y la presión de nuestras sociedades modernas terminan relegando al olvido a aquellos que no encajan, fomentando un tipo de miedo social que impide que
(Ampliar el fenómeno ¡documentación! el bosque aokigahara…etc. La crisis y los cambios sociales y económicos. la inestabilidad, las relaciones fugaces, Bauman…etc)

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            - Lo dejó sin acabar… me pregunto si pretendía llegar a algún sitio con esto.
            - ¿No hay ninguna otra anotación? Qué cosa más extraña… habrá que preguntarle por qué incluyó esta especie de ensayo. ¿Qué es lo que sigue?
            - Aquí pone – Greenberg sostiene la hoja – “La revelación de Lord Henry Cunnings”.
            Me echo para atrás. El texto anterior llevaba fecha del 2011..., como si fuera ayer mismo. Es terrorífico. Pensar qué poco ha cambiado todo desde entonces, en líneas generales, claro. Ahora todo se ha salido de órbita. De repente siento hambre.


(Continuará…)


           

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